Árbol emblemático del paisaje mediterráneo, símbolo de resistencia y adaptabilidad.
La encina, recia y resistente, es el alma de la dehesa y uno de los árboles más emblemáticos de la península ibérica. Su copa densa y redondeada ofrece sombra en los paisajes áridos y sus raíces profundas le permiten sobrevivir en suelos pobres y climas extremos. Con una longevidad que puede superar los 600 años, la encina es un símbolo de fortaleza y adaptación. Su madera, dura y compacta, ha sido tradicionalmente apreciada para la construcción, la fabricación de aperos de labranza y, sobre todo, para producir el mejor carbón vegetal.

Más allá de su valor forestal, la encina es un pilar fundamental de los ecosistemas mediterráneos. Sus bellotas han alimentado durante siglos a la fauna silvestre y al ganado, especialmente al cerdo ibérico, cuya dieta a base de bellotas es clave en la producción del preciado jamón ibérico de bellota. Además, su follaje perenne asegura refugio y alimento a numerosas especies en cualquier época del año, convirtiéndola en un auténtico bastión de biodiversidad.
Un secreto
La encina posee un mecanismo de defensa sorprendente: cuando es atacada por herbívoros, sus hojas producen más taninos, lo que las vuelve más amargas y difíciles de digerir. De este modo, el árbol regula de manera natural la presión del pastoreo. Además, sus bellotas pueden ser dulces o amargas, dependiendo de la genética del árbol y de las condiciones ambientales, un detalle crucial para la ganadería tradicional.
Una leyenda
Se dice que la encina era un árbol sagrado para los pueblos prerromanos de la península. Según una antigua creencia celta, estos árboles estaban protegidos por espíritus ancestrales y servían como morada de los dioses. En tiempos de sequía, los pastores realizaban rituales bajo sus ramas centenarias para atraer la lluvia, convencidos de que su fortaleza podía interceder ante las fuerzas de la naturaleza.


Un conocimiento
Las bellotas de la encina no solo han sido un recurso esencial para la ganadería, sino que también fueron un alimento importante para las comunidades humanas durante siglos. En épocas de escasez, se recolectaban, se tostaban y se molían para hacer harina, con la que se preparaban tortas y pan. Hoy en día, su valor nutritivo sigue siendo objeto de estudio, y algunos proyectos buscan reintroducir su uso en la gastronomía sostenible.
La encina encarna a la perfección el lema de NATURCYL 2025: «Un árbol, mil secretos: viaje al corazón de la naturaleza». Este árbol, testigo de generaciones de vida y cultura, nos recuerda la importancia de los ecosistemas que sustentan nuestra biodiversidad. Proteger las encinas y sus dehesas es garantizar el equilibrio entre tradición y conservación. NATURCYL 2025 nos invita a conocer sus secretos y a reflexionar sobre el vínculo profundo entre el ser humano y la naturaleza.